NO ES LA DEUDA, ES EL BCE ¡ESTÚPIDOS!

Desde hace unos días los mensajes de los medios son algo contradictorios. Por una parte el desempleo superior al 27%, el déficit público superior al 10% (si lo calculamos como debe ser, incluyendo el rescate bancario) y una caída del PIB estimada en más de un 1,5% para este año nos llevan a situarnos en un escenario económico dantesco, como es lógico. Por otro lado la subida de la bolsa y la caída de la prima de riesgo se está esgrimiendo desde determinados medios para tratar de defender la indefendible gestión económica del gobierno.

En realidad decir que la subida de la bolsa de estos días se deba a la acertada gestión del gobierno me parece una afirmación como poco arriesgada, y más arriesgado aún, hacer pasar la mejora de los índices bursátiles como algo bueno para el conjunto de la ciudadanía, en todo caso será bueno para el que tiene valores cotizados. Aún así parecería que al menos la prima de riesgo, que ha bajado por debajo de los 300 p.b., está avalando la buena gestión del gobierno, nada más lejos de la realidad. La prima de riesgo es el diferencial de la deuda pública española con la deuda pública alemana, puede reducirse porque nuestra deuda pague menos intereses (aumente la confianza del mercado hacia nosotros) o porque la deuda alemana pague más intereses (aumenta la desconfianza del mercado hacia Alemania). Mirando la cotización del bono alemán a 10 años parece más bien que nuestra prima de riesgo se reduce porque aumenta la incertidumbre sobre Alemania (por eso y por la siempre discreta intervención del Banco Central Europeo en el mercado secundario).

Entonces, el ciudadano despistado podría preguntarse  ¿por qué la situación económica es tan desastrosa? y lo cierto es que no le faltarían razones para preguntárselo. La respuesta, por triste que parezca, es que los políticos y economistas neoliberales que, por desgracia, son los que están al mando de la situación, o no acaban de entender la raíz del problema o la entienden demasiado bien.

Su fijación casi enfermiza en el control del déficit público y el gasto público nos está llevando a un panorama desolador de auténtica depresión económica. A pesar de que hay consenso en todos los ámbitos económicos sobre la más que deficiente construcción de la UE y de la Zona Euro, parece que no se quiere actuar para resolver esas carencias, sino más bien se quiere salvaguardar los intereses del capital financiero y de las personas que hay detrás.

Las políticas de recortes que se llevan a cabo para recortar el déficit público están dañando enormemente a la producción nacional, cada vez que se recorta se reduce la actividad económica y en consecuencia se reducen las bases imponibles sobre las que el estado aplica los tipos impositivos de los impuestos, con lo que se reduce la recaudación. Al reducirse los ingresos por impuestos el déficit en lugar de reducirse, como era la intención, se aumenta. A la hora de financiar ese déficit no podemos recurrir al Banco Central Europeo porque, según sus estatutos, no puede prestar directamente a los estados, presta a la banca privada para que haga negocio prestándole a los países. En una situación en la que el sector privado de la economía estuviese en expansión esta estrategia no tendría que porque afectar negativamente al déficit ni al PIB (las políticas neoliberales del expresidente Zapatero durante la burbuja inmobiliaria fueron en este sentido), pero en una situación como la actual, de shock de demanda agregada, esta estrategia es auténticamente suicida.

Nos encontramos con que mientras más recortamos más aumenta el déficit y más la deuda. Pero sería estúpido pensar que estos incrementos son el verdadero problema. El coste del servicio de la deuda durante este año se estima en 40.000 millones de euros y que la deuda pública alcance el 90% del PIB, unos 900.000 millones de euros. Si los estados pudiesen obtener financiación barata, como obtenían antes de la entrada en el euro, de su banco central, la losa que representa el servicio de la deuda se reduciría enormemente. Se liberarían recursos para realizar inversión pública y un plan de empleo público que reactivase la economía.

Si dividimos el montante de intereses de la deuda pública entre el total de deuda acumulada nos daría una cantidad aproximada del coste medio de la deuda pública. Pongamos por ejemplo que esa cantidad sea el 4% (seguramente más baja que la real), pues bien, para que el estado pudiese hacer frente con garantías al pago de esa deuda, el crecimiento del PIB debería ser al menos ese 4%, y en ese caso, todos los recursos generados por el país durante un año se irían directamente al pago de los intereses de la deuda. Como el crecimiento de la economía no es capaz de generar los recursos necesarios para el pago de los intereses de la deuda se recurre a los anteriormente mencionados recortes. Aquí es importante precisar que el importe de los recortes en gasto público no se destinan a la llamada “racionalización del sector público”, se destinan al pago de los intereses de la deuda. Es la parasitación del estado del bienestar por parte de la banca privada.

En realidad el importe de la deuda pública española no es tan grande como se nos quiere hacer pensar, la deuda privada de empresas, bancos y familias es muy superior. El problema de sostener la deuda pública son los intereses que se tienen que pagar por ella, intereses que en contra de lo que se suele pensar fija el Banco Central Europeo y no los mercados financieros. Los mercados financieros son especulativos por naturaleza, y tradicionalmente para proteger a los estados de la especulación sobre su deuda pública se solía recurrir al banco central, que prestaba a los países a tipos de interés muy bajo (0%-1%). Este banco central imprimía dinero que era utilizado para la financiación pública, aunque tenía la desventaja de que su abuso provocaría inflación. El Banco Central Europeo se desentiende por completo de la financiación pública de los estados, dejándolos a merced de los especuladores, preocupándose solamente de la inflación de la economía (cabe recordar que la inflación es el enemigo nº1 de la banca privada).

El Banco Central Europeo es una institución europea antidemocrática, con una injustificada autonomía del poder político. Su funcionamiento es gestionado por tecnócratas nombrados indirectamente por los bancos privados, personas que han cumplido satisfactoriamente su cometido en los respectivos bancos centrales nacionales de los diferentes países y como recompensa se les premia con un asiento en los órganos rectores del Banco Central Europeo. Este banco no se comporta como un banco central al uso, un banco central se preocupa, además del control de la inflación, de estimular del crecimiento económico (y su consecuente creación de empleo), el Banco Central Europeo se desentiende de esta última parte. No presta a los estados con la falsa escusa de que podría aumentar la inflación, pero no tiene problema en prestar a los banco privados enormes cantidades de liquidez ya que sabe que dichos bancos no van a financiar la actividad productiva con lo que no se producirá inflación. El Banco Central Europeo es una auténtica aberración, es el poder económico de la banca convertido en poder político más importante de la Zona Euro.

Algunos me podríais replicar que la deuda no es la única vía que tiene una país para financiarse, puede recurrir a los impuestos, y en nuestro caso a perseguir el elevado fraude fiscal (de empresas y grandes fortunas) pero ese no es el caso que quería tratar en este post. Está claro que el llamado gasto corriente (estado del bienestar) tiene que financiarse con ingresos corrientes (impuestos) y las inversiones productivas mediante deuda. El problema reside en financiar el gasto corriente con deuda y dejar de realizar inversiones productivas. La financiación del estado del bienestar con deuda lleva a medio plazo a su desaparición y el abandonar la inversión pública en época de recesión solo conlleva a una mayor caída del PIB. La financiación del estado del bienestar debería hacerse en base a impuestos y la deuda pública debería utilizarse para iniciar un basto plan de estímulo público al estilo del New Deal en aquellos (escasos) sectores de la economía con potencialidad de crecimiento, como es el caso de las energías renovables y nuevas tecnologías.

En la construcción europea se dejó a un lado la unión política para centrase en la unión económica. Una unión de los capitales, en especial de los capitales financieros, que toman decisiones ajenos al poder político y por lo tanto ajenos a la democracia. Y el lugar en dónde se reunen y toman esas decisiones es el Banco Central Europeo, el verdadero gobierno de la UE. Y mientras esto no se le explique a la población seguiremos culpando a la deuda, al déficit y a la clase política. Porque cuando el dedo señala a la luna siempre hay algún estúpido que mira al dedo.

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