LOS SALARIOS Y LA OCUPACIÓN DESDE LA HETERODOXIA.

En este artículo pretendemos exponer de forma sencilla, asequible y técnica un desarrollo teórico diferente al que se expone en la mayoría de los centros académicos sobre los efectos macroeconómicos de los cambios en el salario.

En los modelos económicos más convencionales: neoclásico y síntesis neoclásica del modelo keynesiano o modelo neokeynesiano, son aquellos que más se enseñan en los centros académicos y que más difunde el status a través de su medios de difusión. Curiosamente, y a pesar de sus ligeras diferencias, estos modelos tienen algo en común, SIEMPRE hay que ajustar los salarios a la baja para estimular la economía. Su subida solo trae consigo inflación, estancamiento económico y desempleo.

A la hora de hablar del salario voy a tener que exponer previamente los parámetros del modelo. Si partimos de la clásica expresión keynesiana Y=C+I+G+(X-M) tenemos que explicar que esta es la expresión del gasto, y por tanto se puede igualar a otra de ingreso, esta sería W+P+T+M=C+I+G+X. En donde W (masa salarial, wN), P (beneficios empresariales agregados), T (recaudación por impuestos), M (importaciones) se igualan a las variables C (consumo de los hogares), I (inversión de las empresas), G (gasto público) y X (exportaciones).

Tras el anterior desarrollo ya podemos observar cómo los salarios (o masa salarial) si que están presentes en la demanda agregada de la economía y no sólo en la oferta agregada como nos hacen creer los neoliberales. Pero podemos ir aún más lejos. Si tomamos la función de demanda keynesiana podemos diferenciar dos tipos de consumo:

 Y=CW+CK+I+G+(X-M)

 En esta expresión el Cw (consumo de los trabajadores) se diferencia del Ck (consumo de los capitalistas) debido en primer lugar a que los individuos en este modelo no están aislados, están socialmente inmersos (bastante más realista que los otros modelos que no tienen en cuenta un fenómeno social tan importante como es el de las clases sociales) y a que las rentas que destinan al consumo trabajadores y capitalistas provienen de diferentes fuentes. Los trabajadores consumen a partir de los ingresos de sus salarios o masa salarial (wN, nivel salarial multiplicado por el número de trabajadores) y los capitalistas consumen a partir de los beneficios de sus empresas (P).

En este modelo que la propensión marginal al ahorro sobre los salarios es cero, al fin y al cabo el ahorro de los trabajadores al final de su vida, y a nivel agregado, es tan bajo que se podría considerar un cero técnico. Por tanto el ahorro de la economía proviene de los beneficios empresariales, y dicho ahorro se destinará exclusivamente a la inversión (I). Por tanto podemos deducir esta expresión P=Ck+I en donde vemos como los capitalistas destinan los beneficios de sus empresas (P) a su consumo propio y el resto lo ahorran para posteriormente invertir. En este modelo la inversión genera el ahorro y no al revés.

Tras este breve desarrollo podemos llegar a la siguiente expresión:

 Y=wN+P+T+(X-M)

 Hemos sustituido la variable Cw por wN, Ck+I por P, G por T y el sector exterior lo hemos dejado igual. Ahora para simplificar un poco el análisis vamos a suponer una economía cerrada sin sector público.

 Y=wN+P

 Y esta función la vamos a igualar a la función de producción de la economía:

 Y=ΓN

 En esta expresión Γ representa la productividad de la economía y N el número de trabajadores. Nótese que en este modelo en la función de producción no aparece el capital (K) ya que parte del principio de que en la producción, la creación de valor proviene del factor trabajo y no del factor capital, el capital no crea nada por si solo. En este modelo el nivel y desarrollo del capital viene reflejado en la variable Γ.

Igualando* demanda agregada y producción obtenemos:

 wN+P=ΓN

 Y despejando en función del número de trabajadores (N):

 N=P/(Γ-w)

 De donde podemos deducir que un aumento de los salarios (w) provocará un aumento del número de trabajadores empleados (N) y por tanto una disminución del desempleo.

Nos encontramos ante una paradoja del modelo postkeynesiano, magistralmente explicada por Kalecki unos años atrás. Para un empresario en particular una reducción de los salarios que paga a sus trabajadores es ventajosa ya que le permite o aumentar sus márgenes o bajar sus precios, en ambos casos aumentarían sus beneficios. Pero si extrapolamos esta situación a todos los salarios de la economía nos encontramos con que se va a reducir la masa salarial y por lo tanto la demanda agregada, aquellos empresarios que no exportan su producción no van a encontrar quien les compre, por lo que aunque bajen sus costes laborales sus ventas tambien caerán y por lo tanto también sus beneficios. Lo que es bueno para un empresario en particular no lo es para los empresarios en general.

La reflexión anterior se puede sintetizar en que el salario es un coste a nivel microeconómico y un componente fundamental de la demanda a nivel macroeconómico. El aumento de los salarios generalizado para todos los trabajadores de la economía trae consigo un mayor nivel de ocupación.

Ahora veamos lo que sucede si de la expresión anterior despejamos en función de los beneficios empresariales:

 P=(Γ-w)N

 Vemos como los beneficios empresariales (P) son la diferencia entre la productividad del trabajador (Γ) y su salario (w) multiplicado por el número de trabajadores (N). Esto se explica porque los empresarios nunca van a remunerar a los trabajadores por encima de su productividad. Si la producción de un trabajador al mes es el equivalente a 1200 euros, su salario nunca va a ser superior a esa cantidad. Incluso en la economía marginalista este análisis es similar. Los empresarios contratarán trabajadores siempre que la productividad marginal del trabajo (la productividad del último trabajador incorporado a la empresa) sea superior al coste marginal del trabajo (el coste laboral del último trabajador incorporado). Evidentemente la diferencia entre la productividad y el salario, algo parecido al concepto marxista de plusvalía, multiplicada por el número de trabajadores de la economía nos daría los beneficios empresariales agregados.

Otra consecuencia del incremento de los salarios en este modelo es que los beneficios empresariales se reducirán. La plusvalía (Γ-w) será menor, y por tanto la partida de beneficios se reducirá a costa de aumentar la de la masa salarial (por cierto, lo contrario de lo que ha pasado en España desde que entramos en el euro). Nos encontramos ante el clásico trade-off entre salarios y beneficios. Consecuencia de este alza salarial el recurso al que acudirían los empresarios para aumentar sus beneficios sería incrementando la productividad del trabajo (Γ), innovando, desarrollando nuevas tecnologías e invirtiendo en I+D+i. Evidentemente para conseguir esto el mundo del trabajo debería contar con suficiente fuerza para poder presionar al mundo del capital a realizar estas medidas.

Como última observación queríamos volver a exponer la igualdad entre demanda y producción:

 wN+P=ΓN

 Cuando se cumple esta igualdad la economía se supone en equilibrio.

En caso de que se incremente la producción, por ejemplo por una incremento de la productividad de la economía (Γ), cosa muy normal ya que todas las economías mejoran en productividad con el paso del tiempo, para absorber esa producción o se potencia la demanda a través de la intervención pública o incremento de salarios, o se procede a un ajuste de empleo (reducir N) para aumentar los beneficios agregados (P). Nos encontraríamos ante el clásico conflicto entre capital y trabajo por el reparto de los beneficios del incremento de la productividad. Veámoslo con un ejemplo:

Situación inicial (w=0,5; N=100; P=50; Γ=1): 0,5×100+50=1×100

Mejora de la productividad (Γ=2) dirigida por el capital: 0,5×50+75=2×50

Mejora de la productividad (Γ=2) dirigida por el trabajo: 1,5×100+50=2×100

Podemos observar cómo en el caso de que la mejora en la productividad la gestione el capital, este reduce el número de trabajadores** (manteniendo la producción constante en 100) y apropiándose de la parte que pierde la masa salarial (la masa salarial pasa de 50 a 25 y los beneficios agregados pasan de 50 a 75).

En el caso de que la mejora de la productividad la gestione el trabajo, éste no va a ajustar el número de trabajadores. Lo mantendrá constante (o aumentará) incrementando la producción y destinando el excedente al incremento de la masa salarial (la masa salarial pasa de 50 a 150 y los beneficios agregados se estancan en 50).

Pero en caso de que ocurra un shock de demanda, fruto de la explosión de una burbuja inmobiliaria por ejemplo, y esta se reduzca, nos encontraríamos en una situación de sobreproducción o subconsumo, dependiendo del lado de la igualdad en que nos situemos. Este desequilibrio se puede solucionar o incrementando la demanda agregada a través de la intervención estatal (caso del New Deal en EE.UU tras la Gran Depresión) o reduciendo la producción vía expulsión de mano de obra (caso de las políticas de ajuste en la Unión Europea tras la Gran Recesión). El problema de ajustar la producción reduciendo N, es que al despedir trabajadores y ajustar la producción, se va reduciendo también la demanda, ya que al reducir N se reduce la masa salarial, con lo que volvemos de nuevo a una situación de sobreproducción, si continuamos ajustando via empleo volvemos a reducir la demanda volviendo otra vez a una situación de sobreproducción y así sucesivamente. Habremos entrando de lleno en el llamado circulo vicioso de la sobreproducción.

La sobreproducción, como demostró Marx, es inevitable dentro del sistema capitalista. El círculo vicioso de la sobreproducción solo puede ser roto mediante la intervención del estado en la economía, distribuyendo rentas, estimulando la demanda y, efectivamente, superando el sistema de producción y distribución capitalista de una vez por todas.

*Notar que en este modelo no pasamos por el llamado “mercado de trabajo” de los neoclásicos. Para los postkeynesianos el “mercado del trabajo” no es un mercado en si, ya que el ajuste via precios (w) nunca vacía el mercado, por la existencia de desempleo estructural.

**Ver “Los aspectos políticos del pleno empleo” de Michal Kalecki.

Bibliografía:

La Economía Postkeynesiana. Un antídoto del pensamiento único. (Marc Lavoie)

Una Historia de la Economía Postkeynesiana desde 1936. (J. E. King)

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