SOBRE LAS CLASES SOCIALES

En todas las sociedades los individuos aunque libres e iguales según las teorías liberales, se pueden dividen en clases en función de su relación con los medios de producción.

Parece mentira cómo ha desaparecido de la calle la conciencia de clase trabajadora asumiendo la mayor parte de la población la pertenencia a la clase media. Y que menos decir de la desaparición en las universidades y círculos académicos del análisis sociológico por clases sociales.

Las clases sociales son categorías científicas y existen desde la tradición sociológica de Max Webber hasta la de Karl Marx. Son conceptos clave para poder entender los procesos económicos globales de forma completa. La actual crisis económica global y la de la Unión Europea no se pueden explicar sin partir del concepto de clase social y de los conflictos estructurales que hay entre ellas.

Un error muy frecuente que se ha generalizado entre lo que podríamos llamar la sabiduría popular es asumir que la mayoría de la población es clase media. Con los ricos por encima y los pobres por debajo. Este error parte de asumir que la pertenencia a una clase social depende del nivel de renta de los individuos. A partir de un nivel de renta empezamos a ser clase media-baja hasta otro nivel de renta en el que seamos clase media-baja, clasificación en dónde podríamos encontrar a la mayor parte de la población. Esta teoría cuantitativa encaja muy bien dentro de los postulados neoliberales ya que indica que la pertenencia a un grupo depende del nivel de renta que uno es capaz de obtener, asumiendo la responsabilidad individual de cada persona en su mantenimiento y bienestar (la pertenencia a un grupo social depende del individuo). Obviando por completo la relación de los individuos con los medios de producción.

El error de esta teoría es suponer que la división por clase social es cuantitativa (la cantidad de renta), porque claro, ¿quién marca dónde están las fronteras entre las clases? Si nos atenemos a meros límites cuantitativos podríamos ver que pequeñas diferencias en los ingresos (incluso de 1 euro) pueden colocarnos en una clase u otra.

El otro criterio de división entre clases sociales, menos conocido pero mucho más riguroso es el que las divide por el origen de la renta. Estamos entonces ante un criterio cualitativo. Una persona que obtenga su renta del trabajo propio no pertenecerá a la misma clase social que una persona que obtenga su renta de los rendimientos de su capital.

Un ejemplo que nos puede ayudar a entender mejor esta división es cuando nos fijamos en los tipos de renta que tributan en el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas. Una persona que declare IRPF por rendimientos del trabajo pertenecerá a la clase trabajadora, otra que tribute por los rendimientos del capital (mobiliario o inmobiliario) pertenecerá a la clase capitalista y personas que tributen por rendimiento de actividad económica estarían encuadradas en la clase media (teniendo en cuenta que no todo el mundo obtiene 100% de sus ingresos de la misma fuente, aunque siempre hay una que se impone sobre las demás).

Esto nos puede llevar a situaciones curiosas que invalidarían la clasificación siguiendo criterios cuantitativos, como la de un empresario que tuviese un mal año y apenas obtuviese rendimiento de su capital. Según la teoría cuantitativa podría dejar de ser clase alta para ser clase baja, a pesar de seguir obteniendo sus rendimientos del capital. La clasificación cualitativa salva estos errores de forma más airosa. El capitalista seguiría perteneciendo a la clase capitalista aunque tuviera un mal año en beneficios, al fin y al cabo los beneficios sean mayores o menores proceden de la extracción de la plusvalía al trabajador.

Y es que detrás de esta clasificación cualitativa esta un concepto económico como es la plusvalía. Un capitalista puede estar extrayendo la plusvalía de sus trabajadores y luego por falta de habilidad en el mercado perderla en favor de otros capitalistas. Esta situación le puede llevar a obtener menores rentas pero el hecho objetivo de la extracción de la plusvalía es evidente. Y tampoco podemos olvidarnos que un trabajador por cuenta ajena, por muy bien remunerado que esté siempre va a pertenecer a la clase trabajadora, al fin y al cabo ningún empresario contrata a un trabajador si no va a obtener un rendimiento de su trabajo superior al salario que le va a pagar.

 

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