IMPUESTOS, CUÑADOS Y JUSTICIA FISCAL.

Debido a la polémica surgida a raíz del artículo “El impuesto de sucesiones y los cuñaos” hemos decidido redactar un segundo artículo en el que corregimos errores, aclaramos conceptos y ampliamos información sobre este impuesto tan polémico. Impuesto que, a pesar de las reformas que necesita, no solo debe mantenerse dentro del abanico fiscal de Asturias, sino que, además, debería ver aumentada su carga fiscal para determinadas herencias.

En el anterior artículo, al hacer referencia a deducción por vivienda habitual indicábamos que se debería aplicar si la vivienda se va a usar como vivienda habitual por parte del heredero o legatario cuando el artículo 20 de la Ley 29/1987, de 18 de diciembre, del Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones indica que deberá ser la vivienda habitual del causante y ésta permanezca 10 años en propiedad del donatario. Además señalar que el límite de esta deducción son 122.606,47 euros.

Entre las deducciones que indicamos en el artículo anterior no comentamos los coeficientes correctores que se aplican en el caso del que el heredero sea descendiente o adoptado y tenga una edad inferior a 21 años. El cuadro de coeficientes es el siguiente:

Patrimonio preexistente – euros Grupo I
De 0 a 402.678,11 0,0000
De más de 402.678,11 a 2.007.380,43 0,0200
De más de 2.007.380,43 a 4.020.770,98 0,0300
Más de 4.020.770,98 0,0400

Como podemos ver en el caso de que el donatario sea inferior a 21 años y la herencia la reciba de un familiar de primer grado el coeficiente multiplicador que se deberá aplicar a la cuota resultante del impuesto es cero. Y como toda persona con unos conocimientos básicos de matemáticas sabe, un número multiplicado por cero, es cero. En el caso de que la herencia venga por causantes con parentesco más alejado el coeficiente es ligeramente más alto, pero siempre inferior a 1 (de hecho más próximo a cero). Con estos coeficientes lo que se busca es proteger las herencias de individuos que, se puede suponer, todavía no han tenido tiempo a labrarse un patrimonio personal con su propio trabajo y esfuerzo.

También queremos hacer referencia a un concepto que no mencionábamos en el artículo anterior, el error de salto. Muchas son las quejas de ciudadanos que no entienden por qué en Asturias una persona que reciba una herencia inferior a 150.000 euros no paga nada y el que reciba 150.001 euros puede pagar más de 17.000 euros por el impuesto de sucesiones. Lo primero que queremos aclarar es que el término error de salto se aplica a aquellas situaciones en las que como consecuencia de la aplicación de los tipos de gravamen resulte que a un incremento de la base corresponde una porción de cuota superior a dicho incremento. Según el artículo 56 de la Ley 58/2003, de 17 de diciembre, General Tributaria este error debe ser corregido de oficio por la administración. El hecho de que la administración no corrija de oficio esta situación en Asturias es porque técnicamente no se puede considerar error de salto, por mucho que los críticos con el impuesto así lo denominen. Para considerarse error de salto, éste debe producirse por la aplicación de tipos de gravamen (tal y como marca la ley) y no por la bonificación del 100% de la cuota que se concede en Asturias . Esta matización no es menor como algunos pueden estar pensando. La tarifa del impuesto es la que es para cada herencia y todos deben pagar en función de su base imponible y su tarifa, pero con el objetivo de proteger aquellas herencias más humildes se introdujo esta bonificación, y como era de esperar, las personas con herencias más potentes quiere el mismo trato que el de las herencias más humildes. A pesar de todo lo dicho desde aquí no nos oponemos a que se corrija el denominado error de salto.

Una vez ya comentadas aquellas cosas que no mencionamos en el anterior post vamos a introducirnos un poco más en otras cuestiones interesantes sobre este impuesto.

Un argumento esgrimido por quienes atacan a esta figura fiscal es la desigualdad que causa dependiendo de la comunidad autónomo donde se resida. Aquí tenemos que dar la razón a los detractores. No consideramos justo que una misma herencia tribute de forma tan diferente dependiendo de si ésta se declara en Madrid o en Asturias.

El impuesto de sucesiones es un impuesto cedido a las comunidades autónomas, que además, tienen competencias normativas sobre el impuesto. Estas competencias cuando afectan sin límite a deducciones y bonificaciones crean competencia fiscal a la baja entre comunidades autónomas. Incluso en el caso de la comunidad de Madrid (donde el impuesto es más bajo) se podría considerar dumping fiscal, ya que algunos ciudadanos que viven en comunidades autónomas donde el impuesto es más alto se empadronan en Madrid para evitar el pago (como curiosidad decir que los asturianos eligen el humilde barrio de Salamanca). Esto provoca una reducción de la recaudación de las CCAA con el impuesto más alto y un incremento de la recaudación de la comunidad de Madrid, que bien se podrían ceder al ayuntamiento de la capital para solucionar determinados problemas que están surgiendo en el barrio de Salamanca.

Por esto le damos la razón a los detractores del impuesto que argumentan que crea desigualdad fiscal. Y por ello opinamos que desde la administración central se debería crear una armonización coordinada de la normativa de este impuesto, fijando unos mínimos de tributación comunes y derogando las bonificaciones que en la práctica han reducido la tributación.

Y a partir de ahora pasemos a lo bueno. Las argumentaciones “cuñadescas”.

“Es un impuesto que sangra a las clases medias” argumentan los cuñaos de forma machacona y constante por las redes sociales. Pues bueno, sin entrar en lo que esta gente considera “clase media” (podéis ver un análisis aquí), según las fuentes oficiales de la Consejería de Economía del Principado de Asturias, “solo el 5% de la población residente en Asturias paga impuestos por una herencia por línea directa”. El dato sobre la mesa pesa. Aun así, muchos de los detractores, totalmente impermeables a los datos estadísticos, seguirán embistiendo. Allá ellos.

 “Se disparan las renuncias a las herencias por no poder afrontar el impuesto” también dicen. Este argumento tiene una parte de verdad y otra enorme parte de falacia. Es cierto que en ocasiones cuando la herencia contiene bienes inmuebles y pocos activos líquidos se puede dar el caso de que el heredero o legatario no disponga de efectivo para poder realizar el pago del impuesto, hasta aquí cierto. Pero, el que puedan aparecer tensiones financieras para pagar la cuota tributaria no tiene por qué implicar la renuncia a la herencia. La propia ley del impuesto contempla (como todos) fraccionamientos y aplazamientos, y no es relativamente difícil conseguir financiación bancaria (siempre que se tenga buen historial crediticio). Se asume que las renuncias a las herencias se deben a los altos tipos del impuesto, sin tener en cuenta otras razones como que la herencia tenga deudas superiores al valor de los activos que se van a recibir o que se renuncie a la herencia a favor de otros familiares o personas. El argumento de que las altas tarifas del impuesto impiden aceptar la herencia es insostenible, el impuesto graba un porcentaje de la herencia que en ningún caso llega al 100%, en consecuencia el problema no es por la tarifa, el problema es por el acceso a la liquidez del heredero o los problemas financieros del causante. Vamos que uno u otro sean unos pufistas y no tengan dinero para pagar o hayan dejado la herencia cargada de deudas. En estos casos no es de recibo que intenten trasladar su problema particular a todos los demás ciudadanos que sí cumplen con sus obligaciones financieras y fiscales.

 “Es pagar dos veces por lo mismo”. Otro argumento estrella.  Este argumento es una mentira más grande que la Catedral de Oviedo. Y además evidencia la baja cultura tributaria de las personas que lo sostienen. Vamos a ver, lo primero que hay que saber para entender por qué esta argumentación es falaz es que los impuestos tienen diferentes clasificaciones, entre ellas  existe una que los diferencia según sean personales o reales. El impuesto personal es el que tiene en cuenta la capacidad contributiva de las personas y los reales son los que tienen en cuenta la capacidad contributiva de las cosas. Un impuesto real es por ejemplo el impuesto sobre bienes inmuebles (IBI) y un impuesto personal es por ejemplo el impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF). El impuesto de sucesiones es un impuesto personal como el IRPF (de hecho es un impuesto complementario a éste, si no existiese el impuesto de sucesiones las herencias tributarían directamente por IRPF). Por lo tanto, va gravar a la persona por un flujo de renta que va a obtener (del mismo modo que en IRPF tributas por flujos de renta proveniente de tus rendimientos del trabajo, actividad económica, etc). Este impuesto recae sobre ti. Que las propiedades que componen la masa hereditaria tributasen por IBI  da igual, tributaron por ser bienes inmueble y seguirán tributando, que los causantes pagasen su IRPF o IVA da igual porque son impuestos personales que les afectan a ellos y no a ti, que tus padres trabajasen mucho para obtener ese patrimonio no lo ponemos en duda, pero trabajaron ellos y tributaron ellos, no tú. Es que según la lógica cuñada los ciudadanos no deberíamos pagar IVA en los productos de consumo porque ya nos han retenido en la nómina para el IRPF, no pagaríamos IBI porque ya pagamos el IVA o el ITPYAJD al comprar el piso o incluso no tendríamos que pagar IRPF porque el dinero de nuestro salario sale de una empresa que ya está pagando el IS. ¿Absurdo verdad?

Si has llegado leyendo hasta aquí solo decirte que ya te queda poco de sufrimiento, ya entramos en la parte final del artículo en el que queremos analizar un último argumento y el concepto de justicia fiscal que aparece en el título del post.

“Es un impuesto injusto”. Y se quedan tan anchos. Pues ala, vamos a ver los que se considera justicia desde un punto de vista tributario.

Según el artículo 31.1 de la Constitución Española: “Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio”. Entonces, como la obtención de una herencia demuestra un incremento de la capacidad económica del individuo no parece descabellado pensar que la Hacienda Pública pueda gravarla. El principio de igualdad aunque no se da entre comunidades autónomas (cosa que ya comentamos al principio del post) si se da de forma interna en cada comunidad y la progresividad está más que clara viendo la tarifa del impuesto y los coeficientes correctores. Por lo que la existencia de este impuesto parece totalmente ajustado al ordenamiento jurídico.

También podemos echar un vistazo a la doctrina tributaria, opiniones y artículos de numerosos académicos.

Según Musgrave (fue un economista conocido por sus contribuciones a la teoría de la hacienda pública. También prestó sus servicios en la Reserva Federal de los Estados Unidos) “desde el momento en que la transmisión de riqueza a través de las herencias es uno de los principales factores que influyen en la concentración de la misma, los impuestos sucesorios se convierten en un instrumento particularmente adecuado para modificar la distribución de la riqueza”.

Según Fuentes Quintana (fue uno de los economistas españoles de la segunda mitad del siglo XX que tuvo mayor influencia académica y social, ministro en el gobierno de Suarez) “los impuestos sucesorios constituyen un medio para limitar el derecho de una persona a adquirir riqueza sin su propio esfuerzo”.

Según Jesús Félix García de Pablos (Tribunal Economico-Administrativo Central) “las herencias constituyen una de las principales causas de las actuales desigualdades en la distribución de la renta y la riqueza. Tal es, de hecho, la razón por la que en la mayoría de países los impuestos sucesorios cuentan con una tarifa progresiva y tipos marginales elevados”.

Según Reyes Pascual Serrano y Francisco Jesús Paniagua Soto (Manual de Hacienda Pública II Teoría de los Ingresos Públicos) “las herencias implican una obtención de riqueza sin esfuerzo alguno por lo que no pocos expertos fiscales opinan que deberían soportar una significativa carga fiscal si se pretende que parte de ella se redistribuya entre los miembros de la sociedad”.

Según el profesor Vicenç Navarro (profesor de políticas públicas de la Universidad John Hopkins en Baltimore, Estados Unidos) “la congelación de las pensiones, por ejemplo, con la que se intenta un ahorro de 1.500 millones de euros, se podría haber ahorrado si no se hubiera reducido el impuesto de sucesiones que mermó en 2.552 millones a las arcas del Estado” (“Sí que hay alternativas” diario Público 16 de agosto de 2.012).

Incluso podríamos incluir más intelectuales, pero creemos que con los citados (todos de diferentes nacionalidades e ideologías políticas, excepto la neoliberal) es suficiente. Desde luego el que la herencia sea considerada como uno de los mecanismos de transmisión de desigualdades sociales más importante de las sociedades modernas nos parece motivo para, como poco, hacerlas tributar.

Desde que se publicó el artículo “EL IMPUESTO DE SUCESIONES Y LOS CUÑAOS” hemos recibido comentarios de todo tipo. Desde los que nos criticaban que habíamos analizado solo los supuestos más beneficiosos y según ellos menos frecuentes, hasta los que nos acusaban de ser mercenarios a sueldo de PSOE, y cosas peores que no vamos a reproducir por carecer de interés divulgativo. De la mayoría de los comentarios se podía extraer que la oposición a este impuesto no se debe a  una mala regulación (a excepción del mencionado error de salto), a situaciones de desigualdad fiscal entre CCAA o a otros motivos. El motivo principal de crítica es la protección a ultranza del derecho de herencia y por ende de la propiedad privada. Esta postura aunque política (de hecho de las más políticas que hay, ya que nace del pensamiento liberal y neoliberal) no es reconocida como tal por las personas que la argumentan, que la definen como lógica o de sentido común. Nada más lejos de la realidad, no hay muchas cosas más políticas que la fiscalidad de una comunidad (se decide ¿de quién coger?, ¿cuánto coger? y ¿cómo coger?) por lo que por mucho que esas personas, organizadas en torno a plataformas ciudadanas, quieran hacer ver que no tienen intereses políticos están engañando a los demás y  nos tememos que incluso a ellas mismas.

La Hora del Pincho.

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3 Responses to IMPUESTOS, CUÑADOS Y JUSTICIA FISCAL.

  1. Paco says:

    al autor se le nota que no le toca pagar, repagar y encima ser acosado por el fisco.
    españa es uno de los paises con los impuestos mas altos del mundo para quien no trabaja en negro, ojo la precisión que luego vienen las trampas de las estadísticas.
    mas impuestos = menos recaudación.
    nos estamos yendo los que contribuimos, vosotros seguid robando y vais a comer piedras.

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  2. martillero says:

    Hola:
    He llegado a tu entrada a través de “En defensa del Impuesto sobre Sucesiones” (https://indvbio.wordpress.com/2015/11/18/2405/) y me ha parecido, en sus dos partes, magnífica: explica claramente la situación y analiza la teoría de su origen. ¡Ah! y por cierto… me tocó pagar una pasta gansísima por la herencia de mi madre y, aunque no quisiera pagarla (que no quería), me parece muy justo que ese incremento de patrimonio pagara impuestos.
    ¡Enhorabuena! Un saludo.

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