¿Y AHORA QUÉ? ¿PODEMOS RETOMAR EL DEBATE PENDIENTE?

La semana pasada salía la noticia de que la inflación española se disparaba hasta cotas no vistas desde 2012 debido, principalmente, a los precios de la electricidad. En seguida los principales gurús económicos ponían la voz de alarma sobre la posible subida de tipos de interés para controlarla. Podrían afectar muy negativamente la marcha de la economía española. En ese momento muchos caímos en la cuenta de que el principal problema que afecta política y económicamente a nuestro país seguía sin abordarse de forma sincera.

Desde que España está en la Zona Euro no tiene soberanía monetaria. La máquina de hacer billetes no la controlamos. Esto es relevante cuando en una unión monetaria se dan tasas de inflación no homogéneas. Cuando nuestra economía tiene tasas de inflación superiores al 3% y otras economías como la alemana tienen tasas de inflación del 1% nuestra economía pierde automáticamente un 2% de competitividad con respecto a la alemana. Cuando teníamos nuestra propia moneda, esto no suponía un gran problema porque inmediatamente actuaban los estabilizadores automáticos y nuestra moneda se devaluaba un 2% y así recuperar, vía tipo de cambio, la competitividad que perdíamos vía precios. El problema es que esto ahora no funciona así. Al perder el mecanismo de la devaluación externa no nos queda otra que recurrir a los conocidos sistemas de devaluación interna: reducción de salario directo (reforma laboral), reducción de salario indirecto (recortes en servicios públicos) y reducción de salario diferido (reformas de las pensiones).

Ya en 2010 el economista Paul Krugma publicaba un artículo alertando de esta situación y advirtiendo a los países periféricos de la Zona Euro que deberían llevar a cabo una “dolorosa devaluación interna de salarios y márgenes empresariales”. De la advertencia de Paul Krugman se ha cumplido la primera parte. Debido tal vez a su sesgo keynesiano no fue capaz a ver que la parte de los márgenes empresariales no se iba a cumplir. Le hubiese venido bien leer a Galbraith su artículo “El poder y el economista útil”.

Sea como fuere, dentro del marco del Euro, estamos destinados a estar siempre vigilantes con las tasas de inflación de nuestros socios europeos. Y aquí está otro de los problemas. La economía española como nos indica el economista Juan Laborda en este artículo tiene en su conjunto un nivel de endeudamiento superior a los inicios de la crisis, a nivel interno el sector privado ha reducido sensiblemente su nivel de deuda y el sector público la ha aumentado mucho. En esta situación, denominada recesión de balances,  los altos niveles de deuda actúan como una losa sobre los hombros de los agentes económicos, impidiéndoles expandir su actividad. Históricamente estas situaciones siempre se han resuelto, por una parte con quitas, y por otra generando inflación.

La inflación ayuda a aliviar la carga de la deuda porque reduce el valor del dinero. El lector podrá entender que una cantidad de euros en 2001 no representa el mismo valor que otra cantidad de euros en 2017. Pero esto tiene dos problemas: por un lado esto nos haría perder competitividad con el resto de países de la Zona Euro como vimos antes, y por otra parte la inflación es el enemigo número uno de la banca privada, ya que reduce el valor de sus activos. Por un lado necesitamos generar inflación para poder reducir la carga de la deuda de los agentes económicos, pero por otra parte no la podemos generar porque perjudicaría nuestra balanza comercial con el resto de países de la Zona Euro.

Esta ratonera económica que representa la Zona Euro sigue ahí aunque no queramos verla. El ciclo económico alcista que hemos vivido en los últimos tiempos debido al precio del crudo y la política expansiva del BCE no se mantendrá siempre. Y más pronto o más temprano el problema de fondo volverá a surgir.

En estos momentos, pasados ya congresos de algunos partidos políticos y con la lejanía de las próximas elecciones, se debería abrir un espacio en el que poder plantear debates acerca del marco político y económico en el que se desenvuelve el país. O eso, o verlas venir.

La Hora del pincho.

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